Chehade: la piedra en el zapato de Humala

Enviado por El Editor el Dom, 20/11/2011 - 12:47.
plancha presidencial de gana peru
Foto: EFE
 
Omar Chehade, no es santo de la devoción de La Piedra en el Zapato. Su conducta lo condena. Es soberbio, presumido, arrogante, antipático, y no cae bien. Cuando se desempeñó como Procurador, lo demostró. Pero para su buena suerte, estos defectos no son necesariamente los elementos que deben primar para juzgar y, por ende, condenar a un político, por advenedizo que sea. Quizá, su individualismo y afán de figurar lo lleva a cometer errores que caen en el figuretismo. Precisamente, quien resume este criterio, ha sido el ex procurador anticorrupción Iván Montoya cuando señaló queno tuvo mayor injerencia en el proceso de extradición de Alberto Fujimori”  y lo recuerda “como una persona ambiciosa que nunca manejó casos emblemáticos”.
 
 
Pero, a pesar de esos antecedentes, tampoco es para hacerle el juego a quienes están verdaderamente interesados en que Chehade sufra una pedrea al más típico estilo de castigo musulmán; ya que no sólo busca eliminar a un estratégico personaje político del Ejecutivo, sino pretende aprovechar la ocasión para desestabilizar al gobierno de Ollanta Humala. Y no es una exageración. Por ello, La Piedra en el Zapato, fiel a sus principios en el marco de lo que significa establecer con objetividad una relación entre un juicio político y su legitimidad, particularmente cuando se plantea la pregunta de ¿Cuáles son las relaciones entre moral y política?, queremos ensayar una suerte de balance de lo que hasta este momento viene significando, el caso Chehade.
 
En primer lugar, para nadie debe ser un secreto que este sonado caso empezó justamente cuando Humala cumplía sus primeros 100 días de gobierno, y la oposición no sabía cómo ni qué argumentos esgrimir para ejercer su obligada crítica. Aparentemente la situación social y económica del país se venía desarrollando sin mayores contratiempos. El fantasma del discurso electoral, de las propuestas extremistas, quedaban superados. La imagen internacional del Perú se consolidaba. No había pretextos. Pero para felicidad de ellos, surge la denuncia de un supuesto intento de tráfico de influencia con la reunión de Chehade con tres altos oficiales de la policía nacional, en una suerte de un posible intento de tráfico de influencias. Pero antes que apareciera esta perita en dulce, también es bueno recordar que el Congreso de la República no lograba conformar la pretendida Mega Comisión que investigaría las denuncias de corrupción del gobierno de Alan García. A ello, se sumaba la pretensión del fujimorismo de aprovechar castigar a Chehade por su inoportuna solicitud de trasladar a una cárcel común a su líder Alberto Fujimori. Es decir, los apristas, debían hacer lo imposible para que la Gran Comisión nazca muerta, cuanto menos, muy debilitada. Mientras que el fujimorismo, debía de crear las condiciones para lograr un posible indulto presidencial. Como resultado de todo ello, la oposición, con el apoyo de unos cuantos despistados congresistas, logró sacar de carrera a Javier Diez Canseco como posible presidente de la Mega Comisión; y el fujimorismo, logró alborotar el gallinero político para, políticamente, sentar a Chehade en el banquillo de los acusados. Ellos -la oposición-, en este escenario, no contaban con el involuntario e inesperado aliado, la del hermanísimo Antauro Humala, quien, curiosamente, apareció con unas declaraciones al más propio estilo de mensajillo a la nación (léase: mensaje a sus huestes etno-caceristas).
 
Con esos resultados, Alan García, quien debe estar aplaudiendo de felicidad bajo la mesa, y Alberto Fujimori, guardando una ligera esperanza de indulto, se convertían en los directos beneficiarios de este lamentable caos socio-político que está viviendo el país.
 
Un poco de historia
 
Los argumentos que se han esgrimido hasta el momento, principalmente de si procede o no la vacancia de la vicepresidencia de Chehade, no tienen mayor sustento jurídico, legal ni racional. En primer lugar, ni jurídico, porque a la luz de los hechos conocidos, no existen pruebas fehacientes de dolo de función; tampoco legal, porque la renuncia es sólo una cuestión ética, tanto más si no hay pruebas evidentes de infracción a la Constitución; ni racional, porque el caso Chehade, nada tiene que ver con casos anteriores, como han querido asociarlo, particularmente con el de Raúl Diez Canseco. La oposición, ha afirmado que Chehade mintió, pero han sido los propios generales quienes se contradijeron desde el comienzo; se le acusa de haber promovido la reunión en el restaurante Las Brujas de Cachiche expresamente con la clara intención de favorecer al grupo Wong, pero la comisión ha sido incapaz de convocar a alguno de sus representantes, para corroborarlo. Aun cuando no haya tenido esa facultad; se ha sostenido que su hermano Miguel visitó el Potao en busca del general Arteta, pero inicialmente no se mostró ningún cargo de control de la supuesta visita; y finalmente, se le imputa actitud indecorosa, en un aparente tráfico de influencias, por haber promovido una reunión pública para tratar temas de gobierno, en vez de hacerlo en su oficina, como si eso lo habría impedido, de haber sido su propósito. Alan García recibió varias veces al polémico empresario dominicano Fortunato Canaán en su despacho, tal como lo declaró Rómulo León. Considerando que el idioma de  Canaán sólo era hablar de faenones, como después se supo, ¿se le tiene que dar el beneficio de la duda al ex presidente?
 
Por otro lado, la oposición cuando trata de comparar el caso Chehade con el del ex vicepresidente Raúl Diez Canseco, olvida que en el 2004, sí quedó comprobado que éste promovió, ex profesamente, el DS Nº047 para favorecer a su suegro, Germán de la Fuente, padre de su entonces joven novia; y es más, que defendió el Tratado de Cielos Abiertos suscrito con Chile, y que sí cometió delito de función al suscribirlo, cuando no le correspondía, mientras se desempeñaba como encargado de la Presidencia en ausencia del mandatario Alejandro Toledo. Verdaderas razones por las cuales -bien asesorado- prefirió renunciar a la vicepresidencia de la república. No fue, pues, por cuestiones de dignidad.
Raul Diez Canseco
 
Lo cierto es que en este ya complejo caso hay diversas variables, las mismas que van desde lo ético, lo moral, lo político hasta lo anecdótico, pues en este último caso, se está discutiendo si a Chehade se le debe quitar la seguridad, la movilidad, y un poco más, hasta la lonchera. Pero como ya lo dijimos, no es cuestión de servirle en bandeja a la oposición y grupos de poder interesados, que lleven agua a sus molinos con tanta facilidad. La estabilidad y tranquilidad del país es primero. Los nacionalistas que ven faltas y delitos en el accionar de Chehade sólo están viendo el árbol y no el bosque de problemas que su impostura ha podido acarrear, olvidando que en política la perfecta conducta no existe y que, por el contrario, su insistencia y pretendida muestra de rectitud política, puede ocasionar un detonante (incluido el potencial caso del hermanísimo Alexis) en contra de las verdaderas intenciones que el presidente tiene para con el país. El 66% de apoyo al Presidente Ollanta Humala y sus proyecciones, contra el 82% de la demanda del pueblo para investigar la gestión de Alan García, no admite enfrentar el caso Chehade con indiferencia y sin cálculos políticos. Y ello, no significa necesariamente blindaje alguno.

 

copyright © La piedra en el zapato - 2011

Todos los derechos reservados La piedra en el zapato.