Los primeros cien dias de Ollanta Humala

Enviado por El Editor el Sáb, 05/11/2011 - 09:20.
Presidente Ollanta Humala
 
Todo nuevo gobierno está sujeto a la prueba de fuego de los primeros cien días de gestión, y el de Ollanta Humala no escapa a ello. La actuación realizada en este clásico período por su gobierno ha permitido las más diversas opiniones, tanto de la oposición política, como de los allegados y de sus simpatizantes. Entre optimistas y pesimistas. Entre los primeros, destacan quienes fueron candidatos adversarios, y entre los restantes quienes jugaron un papel de apoyo y sostén político. También lo están quienes representan a los gobiernos y organismos internacionales. Lo importante, es que el común denominador entre todos, puede señalarse como la expectación. Una suerte de saldo a favor.
 
Hoy, 04 de noviembre de 2011, que se cumple los primeros 100 días de su gobierno, La Piedra en el Zapato no ha querido estar ajeno a esta obligada evaluación; pero para ello, con el respeto debido, ha tomado como matriz los criterios que en el campo de la medicina y la sicología se suele utilizar para tratar el autismo. Y es que la gestión política, por sus características, tiene mucha relación con este síndrome, toda vez que tienen que ver con los trastornos de desarrollo, en este caso, con el desarrollo de planes de gobierno. Por algo, el autismo es un espectro de trastornos que afecta principalmente a la comunicación, al comportamiento, y por ende, a la socialización. Y hay muchos casos de quienes han desarrollado ésta equivocada recomendación de conducta en la creencia de que “haciéndose el muertito”, o “hablar lo menos posible”, da y permite mejores réditos políticos.
 
Y por qué esos criterios para ensayar el diagnóstico de autismo? Porque, entre otros, son sus indicadores como el cambio cualitativo de la interacción social por la alteración del uso de múltiples conductas no verbales; la incapacidad para desarrollar relaciones adecuadas; la ausencia de la tendencia espontánea a compartir con otras personas objetos de interés; la falta de reciprocidad social o emocional; la alteración cualitativa de la comunicación; la adopción de manerismos, como patrones de conducta. Todo un conjunto de variables con las que se identifica el accionar del presidente Humala.
 
Al presidente Humala se le achaca poca comunicación, principalmente con la prensa; se suele calificar su actitud como calculadora y ortodoxa; se le acusa de hacer lo que no dice -cuando se trata de casos de su entorno- y decir cosas que aparentemente no hace; se le imputa no poca dosis de desazón por parte de aquellos que sostienen que aún permanece el fantasma del maquillaje de su propuesta de gobierno en la campaña. Léase “economía nacional de mercado”, “modificación de la Constitución”, etc.
 
Lo cierto es que estos cien primeros días de su gobierno ha pasado la prueba de fuego, principalmente en lo político. La población del Perú le ha otorgado el 60% de aprobación, algo más de lo que le dio en las elecciones generales. Lo que adquiere mayor significación desde que las expectativas iniciales decían todo lo contrario, dado a su característica de una izquierda que llegaba a ser gobierno por primera vez en la historia del país.
 
Silencios estratégicos, apoyos calculados, propuestas iniciales en camino a convertirse en realidad, discursos coherentes, son los indicadores que ese posible autismo político sea dejado de lado. Ollanta Humala entiende que la llave de la represa debe abrirse lentamente, pero firme y sostenidamente. Lo suficiente para que el nivel de agua no lo ahogue con el entusiasmo y la popularidad. Que los ofrecimientos de Pensión 65, ley de Consulta Previa, Lote 88, el incremento del salario mínimo vital, etc., serán una realidad si ello va de la mano con un gobierno cuya arma más eficaz sea el diálogo franco y directo con los agentes de desarrollo del país. Sin el clásico toma y daca que caracterizó a todos los gobiernos anteriores. Pero con el cumplimiento de los compromisos asumidos.
 
Aunque no agrade a muchos, su estilo de hacer política se viene afianzando. Ha dejado de lado “el qué dirán” cuando se trata de encargar funciones de responsabilidad, aún, cuando sea un riesgo la decisión. De igual manera cuando plantea la creación de un nuevo organismo. Y es que su principal inquietud pasa por recuperar el tiempo perdido.
 
Pero no todo ha podido ser color de rosa. Ha estado a un paso de sacrificar aquello de la campaña que “La honestidad hace la diferencia”. En este sentido, ha enfrentado las inconductas de su gente, de su entorno. En todos los niveles, vicepresidente, congresistas, ministros, amigos, hasta familiares. El exceso de entusiasmo, la inexperiencia y el protagonismo, propios de un gobierno primerizo, casi han debilitado su imagen de gobernante, pero ha sabido remontarlo. Sin duda, que el más serio ha sido, y lo sigue siendo aún, el caso Omar Chehade. Aún, cuando por las declaraciones hechas, al parecer se ha tratado de un lamentable e inoportuno desliz.
 
Frente a este panorama, a la oposición sólo le quedará esperar. Sí, esperar que este gobierno lleve adelante al país, independiente de su color o de sus miembros. Esperar que los resultados sean tangibles y sostenidos, que es lo menos que este pueblo, al borde de la indiferencia y la frustración, se merece. Lo contrario, para este pueblo, sólo sería una demostración de su incapacidad -la oposición- para renovarse, al mismo tiempo de confirmar que con el apoyo a Ollanta Humala, jamás estuvo más cerca de su mejor decisión.
Algunas Opiniones sobre el tema
 
-          Pedro Pablo Kuczynski, el ex candidato presidencial y adversario de carrera halagó el manejo económico durante los primeros 100 días de gobierno del presidente Ollanta Humala. “La parte económica está bastante bien manejada por el ministro de Economía, Luis Miguel Castilla”, expresó.
 
-          Luis Galarreta, congresista del PPC, reconoció que “hay optimismo por las primeras acciones en el plano económico, con el cumplimiento de algunas promesas electorales como el gravamen minero y los mensajes positivos que van en la línea de que el Perú no debe retroceder.
 
-          Coletta Youngers, asesora principal del Washington Office for Latin America (WOLA), destacó que existe una buena impresión en Estados Unidos sobre la gestión del presidente Ollanta Humala, tras sus primeros 100 días de gobierno. Agregando que esa percepción positiva se ha reforzado aún más con la reciente visita del presidente del Consejo de Ministros, Salomón Lerner, a la capital estadounidense.
 
-          Perú 21, con su titular Humala, 100 días con luces y sombras, sostuvo: Lo bueno: continuidad de modelo económico. Lo feo: denuncias de tráfico de influencias y corrupción. Lo malo: escándalos de ‘Mocha’ y de Baca.
 
-          Carmela Sifuentes, presidenta de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), declaró que “a diferencia de regímenes anteriores existen señales y acciones en los primeros 100 días del gobierno del presidente Ollanta Humala que se orientan al cambio demandado por el país. Destacando el salario mínimo vital a 675 nuevos soles, Ley 29783 o Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo, Ley de Consulta Previa a las Comunidades Indígenas y Pueblos Originarios, etc.
 
El presidente Humala tiene todo un reto que enfrentar en el largo camino que le queda hasta el 2016. La desconfianza debe dar paso a la credibilidad, la incongruencia a la coherencia, y eso sólo será posible si cumple con lo ofrecido en su Hoja de Ruta, lo mencionado en su mensaje ante las Naciones Unidas, el 22 de setiembre (el cual reproducimos en esta edición, por ser de interés), y por qué no, en Unasur. No debe olvidar que su gobierno ha sido, por primera vez en la historia política del país, producto de un amplio apoyo regional, con sed de verdad y de justicia. En sus manos está el desterrar esa imagen que la España de estos tiempos, principalmente la de Zapatero, tiene de la izquierda, y que es aplicable en el Perú: “La izquierda se ha caracterizado siempre en nuestro país por dos notas características: si alcanza el Gobierno es implacable y si lo pierde se pone violenta”. El Perú siempre se lo reconocerá.
 
 

 

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